El laberinto es una figura ancestral como el espiral y es susceptible de diversas interpretaciones más aún en nuestro presente.
Pueden acompañarnos a un laberinto y esperarnos en la llegada pues el recorrido hemos de encontrarlo por nosotros mismos.

Qué fácil le hubiera sido acabar a la primera con la primera

La segunda.

La tercera y se acabó.
Luego el tiempo (para nosotros) el camino a seguir, es obligatorio.
Mientras realizamos el viaje con incidencias que nos frenen, como en el tren de la bruja en España.
Lo mismo por el otro lado .
El padre que abandona la seguridad de su hijo, le abandona de su compensación de equilibrio y suelta el asiento en el aprendizaje para pedalear.

Generalmente no libre de incidencias el hijo está destinado a golpearse.
Para mas tarde con el tiempo esperar e famoso “mira sin manos”.
No te abandona te vigila y hace seguimiento pero el progreso es propio.
Podemos sentirnos abandonados . Así deben ser las reglas.
El laberinto lo intuimos , no se hace visible ni es uniforme, consiste en la elección.
Aumenta de dificultad según se van superando las pruebas y no permite volver atrás.
La resolución y el mismo laberinto está íntimamente ligado al libre albedrío Es evidente.
Quien sepa salir que silbe pero que sea de corazón, pues los actores son una de las verdaderas pruebas .
Se sale entonces solo o prácticamente solo .

























